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La crisis. Ese extraño animal que nos acecha. Me vais a permitir que ignore a la crisis durante unos 40 renglones.

Hablemos de descubrir, amar y comprar objetos, ahora que no me escucha nadie.

 Comprar. Comprar. Comprar. Comprar objetos que no necesitamos…o quizás sí, decídelo por ti mismo.

Piensa en  tu objeto favorito, aquel que más te gusta y que te llevarías a una isla desierta,  con el que tendrías una conversación como un Tom Hanks cualquiera y Wilson en su momento más íntimo.  Ya no  vas a necesitar tiempo de relación para estrechar vínculos,  últimamente la emoción en los objetos no es proporcionada por el usuario que lo usa sino que viene de fábrica ¿no es emocionante?

Berg, la pequeña impresora, nos ha emocionado nada más verla. Con un aspecto entre retro y hipster, peinada de medio lado (aunque te permite elegir entre cuatro peinados) y con piececitos naranja, te cabe en el bolso o en la mochila. 

La idea de inmediatez,  más necesaria cada vez para poder comunicar y organizar toda esa información que manejamos,  es una de las claves de la pequeña impresora que nos permite imprimir desde titulares de noticias, datos de tráfico, una foto de Instagram que te haya gustado, el crucigrama o sudoku hasta un abrazo, una felicitación de cumpleaños,  el timeline de Twiter, la previsión del tiempo, el restaurante que has visto en Foursquare,  o cualquier sitio o servicio web que usemos regularmente.

Inalámbrica,  aunque requiere conexión a internet para trabajar y leer las fuentes RSS que configuremos para imprimir lo que le mandemos a una hora programada. Podrás vincularla a tu dispositivo móvil y a tu Cloud.

Ya está a la venta desde 259$. Aquí podéis verla en acción.

 

El otro gadget que nos ha robado el corazón es Scent-Capturing-Postcard, de Sony.

 Ideado por el ingeniero chino Li Jingxuan, con un diseño que recuerda a un dispensador de pimienta preparado para aderezar nuestros espaguetis. Concebido dentro de un proyectode investigación de la marca Sony su objetivo es capturar  imágenes de comidas e imprimirlas trasladando el olor al papel impreso, una especie de nariz electrónica.

Esta maravilla es posible gracias a un sensor que usa el reconocimiento de patrones que caracteriza  los diferentes olores,  la impresora consigue buscar y simular estos olores mediante el uso de una combinación de tintas de aromas especialmente creadas para ella. Captura la imagen sobre la que se coloque y la imprime en un papel fotográfico especial.  El resultado es una tarjeta con una solapa que despegas y te ofrece el olor de dicha imagen.

Podrás tener postales que huelan a parmesano, chocolate, limón, jengibre o churrasco.

Todavía no está comercializada. Vamos a tener que esperar para colocarla en nuestra cocina.

Fuente: Desingboom

Sobre El Autor

Interesada en Comunicación 2.0. Tecnología. Nuevas actitudes. Nuevas Ideas y Tendencias en general. Le gusta observar y analizar comportamientos individuales y colectivos, sobre todo cuando viaja en Metro. Ha llegado a la conclusión que nadie es normal y menos aún si lo intentan. Vinculada al mundo de la moda desde hace años donde trabaja como Visual Merchandiser en Marketing offline. Confiesa que esta experiencia le ha proporcionado ciertos hábitos saludables como evitar el uso de chándal y albornoz en su vida cotidiana, o saber diferenciar el cuadro escocés del cuadro tartán. Aficionada a el espacio exterior, agujeros negros, máquinas de hacer gofres, Dostoyevski, las cámaras Polaroid, los trucos de magia y los androides que no saben que lo son. Síguela en: Pinterest y en su cuenta de Twitter @R_osaPernia

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