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Si has seguido un poco las elecciones que han tenido en @Cinemascopazo desde que empezaron su andanza a finales de mayo, sabrás que aparte de clásicos modernos del cine como ‘Matrix’ en la primera temporada, o ‘El club de la lucha’ de esta segunda, también te pueden traer a la gran pantalla otros títulos más propios del cine clásico. Sin ir más lejos las dós últimas sesiones fueron ‘El Golpe’ y ‘Río Bravo’. Pero ya pasó en la primera temporada que hubo una película que destacó principalmente por ir un pasito más allá al descubrir a prácticamente todos los asistentes, uno de esos clásicos que sólo los más yonkis o los más gafastiles del cine conocían. Se trataba de ‘Dersu Uzala’ .

Vale sí, Kurosawa es conocido, pero la realidad es que si no llega a ser por @rodrigocor7es, para mí y para muchos otros esta gran película seguiría siendo algo inexistente. Es lo que tiene Rodrigo Cortés, que más allá de ser director de cine tiene la cualidad de “Todopoderoso” que cuando habla, las personas abren aún más los ojos y se despejan las orejas para absorber como esponjas la manera que tiene de diseccionar el cine en general. Motivo suficiente para que los de Cinemascopazo se lo traigan de nuevo casi con la premisa de un nuevo descubrimiento. Y así ha sido, porque cuando @ArturoGCampos y @JuanGomezJurado canturearon la asistencia del director, todo aquella sensación de incertidumbre que hubo con ‘Dersu Uzala’ sobre qué voy a ver, se volvió a repetir cuando digeron que la agraciada era: ‘El Placer’ (Le Plaisir), película francesa de 1952 dirigida por Max Ophüls.

Lo primero que se hace según estos casos, es intentar averiguar por qué Rodrigo Cortés la elige. Intentas leer sobre la trama, averiguar sobre el director (o incluso de los actores), y nada. Incluso piensas que si te la pusieras en casa, tendrías que estar muy motivado para aguantarla. A pesar de ello, el efecto Cinemascopazo unido al que ejerce Rodrigo Cortés te consiguen colocar ‘El Placer’ entre las 10 pelis más vendidas en Amazon. Por algo será.

No podría ser de otra manera, las entradas volaron y la sala se llenó. En cambio, para ‘El Placer’ resultó más facil para Arturo preguntar quién de los presentes la habían visto. 2 de 200 personas, buen panorama. Es cuando junto a Juan, te hacen ver lo extremadamente difícil que es hoy día ir al cine sin saber muy bien qué vas a ver. En un momento donde la sobreinformación de cualquier peli, con teasers, fotos, cometarios, etc, se hace lo normal para cualquier estreno. Aun así, ahí estábamos unas 200 personas llenando la sala sin apenas conocimiento.

En vez de daros una sinápsis, os tendría que dar tres. Es lo que tiene que la peli te cuente tres historias cortas o cuentos. Ya que Max Ophüls se basó en la obra del escritor naturista Guy de Maupassant. Concretamente en los cuentos (y os lo digo por el orden en el que aparecen el la película),  “Le Masque” (1889), “La Maison Tellier” (1881), and “Le Modèle” (1883). Que sin saber francés podrás imaginar que son: ‘La Máscara’, La Mansión Tellier’ y ‘La Modelo’. 

Antes de que ‘La Máscara’ diese comienzo, una inmersión sobre la pantalla en negro suena una voz rasgada y melosa. De la que adjudicarías al tópico del francés que te susurra y te come la oreja con cierta pomposidad. En este caso para ponerte en posición de lo que vas a ver, de las historias y de lo que tienen en común, de la triste felicidad y el placer de encontrarla y/o perderla. Y antes de que te deje poso, el espectáculo. Entre las calles comienza una coreografía de gente con prisa, extasiada por entrar en un palacio de danza donde todos allí, ríen, beben y bailan disfrutando del placer de la noche. A la que aparece un extraño personaje aún con más prisa, bien ataviado, pero al que detectas que hay algo raro en él. Algo en sus movimientos denota cierta torpeza aunque con soltura alcanza la pista central del palacio dando comienzo el espectáculo. Y lo ves bailar con una mujer rubia casi como una marioneta, lo que no quita que ella se sienta atraída por él.

Pero cuando el éxtasis de los pasos estaba cerca del sumun, a nuestro galán de extraña cara sufre una especie de síncope. Todo se detiene en el palacio y mediante los gritos de la bailarina encuentran un médico retirándose todos a una habitación desván para examinar al paciente. El jolgorio sigue mientras el médico abre la camisa del paciente descubriendo por el pecho la base de la máscara que éste lleva. Al retirarla se descubre que el galán es una persona mayor bastante entrada en la vejez. El médico decide acompañar a su paciente a su casa cuando los regentes del palacio le dicen quien es realmente y allí descubre a la preocupada mujer. Ella le explica que normal que le haya dado el chungo, que ni había cenado, que sólamente se había metido en el cuerpo una copa para calentar motores. El viejales acostado en su cama entre toses escucha como su mujer cuenta la historia de sus vidas al médico, incluso sin tener problema en narrar cómo ella ha asumido todos lo escarceos junto a la idas y venidas durante muchas noches, llegándose a convertir más en una criada, pero es lo que ha querido por amor, para no perderle. El médico, que es soltero, decide volver al palacio y deja al paciente acostado con cierta sonrisa provocada por volver a sentir la miel en los labios de su juventud.

Para la segunda historia ‘La mansión Tellier’, la voz te sitúa en Normandia y te cuenta cómo una mujer rige con toda decencia una casa de mujeres de las que se dice que es el oficio más antiguo del mundo. Una casa que se ha ganado el respeto del la ciudad siendo visitada por los baluartes de la misma, desde el último alcalde hasta el juez o el recaudador. La cámara te hace un recorrido desde el número 3 en el marco de la puerta por toda la fachada siguiento a la madame en un recorrido por dentro de la mansión. Así conoces a las ocupantes de la mansión donde las menos refinadas, la entrada en carnes y la españolita quedan encargadas de la parte de la cafetería. Al día siguiente la desgracia, las luces apagadas y la puerta cerrada hunden en el desasosiego a todos los hombres que se acercan a la mansión. De una manera cómica ves como esa congregración de puteros hombres ansiados por el placer, se van avisando uno a uno mientras recorren las calles de la villa y se preguntan el por qué de aquella desgracia. La respuesta se debe a que la madame ha cogido su séquito y se las lleva a la comunión de su sobrina.

Para ello cogen un tren dejando patente que a pesar de su profesión no se dejan humillar por parte de ningún aprovechado, dando la patada y echando del tren a un vendedor de ligueros. Al llegar ya les espera el hermano junto a su carreta tirado por un percherón y con tranquilidad entre páramos sacados de cuadros naturistas alcanzan el caserón. Las damiselas regalan a la niña el traje blanco de comunión celebrando la belleza de la pequeña. Por la noche, cierta intranquilidad aparece entre las damiselas. La paz de la noche con la falta de ruido en el pueblo pilla por sorpresa a la madame. Ésta se levanta y ve que todas están igual, y a la que vuelve a la cama descubre a su pequeña sobrina sollozando por el temor de dormir sola. No puede hacer otra cosa que llevársela consigo y así ambas pueden conciliar el sueño. Ya por la mañana, el padre encabeza con orgullo el paseíllo de su pequeña seguidos por la agrupación de mujeres a las que todo el pueblo se las queda mirando con mezcla de envidia y admiración.

Dentro de la iglesia ves que hasta el alcalde ha sucumbido por la presecia de las mujeres cuando les cede el sitio. Cuando los niños y niñas empiezan a recibir la comunión, las lágrimas de las mujeres al presenciar ese sacramento y la pureza que emanan esos jóvenes, contagian a todos los asistentes como el pensamiento y el asentiemiento de que para ellos ya les queda muy lejos esa pureza. Después de la comilona de celbración toca volver, a pesar de la insistencia del padre, más concretamente por su interés en una de las mujeres a pesar de la presencia de su mujer. En el camino hacia el tren, hay tiempo suficiente para enmarcar una escena donde las mujeres representan otro cuadro naturista en medio de un campo de flores (y donde el padre se disculpa con la mujer que desea). La vuelta de la mujeres a su mansión es un revuelo entre todos los frecuentes que salen despedidos de sus hogares hacia el placer de la compañía de unas mujeres que también celebran su regreso.

Para el último corto titulado ‘La Modelo’, empieza la escena en una playa donde un chaval comenta a un señor la desgracia de una pareja que ven a lo lejos. El hombre no es que le recrimine, pero le explica que comprende a esa pareja porque él los conoció en todas sus fases. Todo comienza cuando un artista se queda `prendado en un museo de una modelo y ante ello, la atosiga hasta que la conquista. Es cuando se ven esos días de vino y rosas, cuando ella se convierte en su musa y sólo hay promesas de amor. Para cuando al fama alcanza al artista, también llega la desidia a la relación y hasta un simple cantar en un paseo a la orilla de un lago irrita al susodicho. Ella, sumida en la locura de no concebir explicación a la desaparición del amor pasado, busca y persigue al artista huido. Cuando lo consigue encontrar, éste sólo tiene para ella el hastío de su presencia y ante las amenazas de ella de un inminente suicidio, lo único que hace es indicarle la ventana para que se arroje.

Ahí la cámara se convierte en primera persona y sube las escaleras para precipitarse al vacío dejándo atrás los gritos de arrepentimiento del artista. Es cuando la pantalla vuelve a la playa, y esos tipos ven como ella ha quedado paraplégica y el artista detrás de ella empujándola. A pesar de lo triste de su realidad, ha alcanzado su felicidad.

Cuando sales de la sala depués de haber visto ‘El Placer’, sientes que has visto algo diferente, pero no llegas a concretar qué es exactamente lo que ha conquistado de la película. Notas una especie de murmullo entre el público, hablando de la belleza, de la iluminación y de los enfoques, pero sin poder concretar. Bajas a la sala 0 que tienen preparado los de Cinemascopazo, te sirven tu copazo con #CocaColaMix, te sientas y sigue ese murmullo. Aunque por ahí ande @MarcosMass que lo tienen de reportero dicharachero o en su posterior minuto de gloria al ritmo de “La Marsellesa” siempre acompañado de risas y aplausos.

Para poder ser consciente de qué has visto en el ‘El placer’, se necesita al orquestador de que la hayan puesto en una pantalla de cine en 2017. Por eso nadie mejor que Rodrigo Cortés para acelerar el posado de esta película. Podrían haber estado horas hablando, porque una hora se les quedó bastante corto. Lo que te puede quedar claro de primeras es lo jodidamente adelantado que fue Max Ophüls. Más allá de las temáticas, puedes ver el trato de los personajes los cuales muestran ciertos aspectos que hoy siguen siendo válidos. De forma principal esa liberación de la mujer en cuanto ella es dueña de sus decisiones manteniendo toda dignidad y derecho. Comenta Rodrigo, que hasta se pensó en rodar otra historia centradas en un grupo de lesbianas, pero que el estudio le parecio un poco fuerte para aquella época. Una cosa que hace que te sumerjas en la película desde el comienzo, es el manejo de la cámara. Rodrirgo te expone lo extremadamente difícil que es grabar ciertas secuencias largas (planos secuencia), más aún en aquellos tiempos y cómo Ophüls era un maestro a la hora de diseñar ese proceso de grabación.

Siendo un director de estudio, todos los interiores se levantaron con la idea de que él iba a deslizarse con la cámara entre los actores como si fuera un fantasma. A veces hasta te podrá recordar a ciertas películas de animación de Disney con la aquitectura o los vaivenes de los personajes. Sin perder detalles en la ilumación o a la hora de mostrarte paisajes o las mismas calles, la descripción gráfica que consigue es totalmente conexa al naturismo de los escritos de De Maupassant ahondando en el sentimiento de lo que es placentero. Deja atrás la sepación de lo triste y malo con la felicidad y bueno para mezclarlas en la melancolía de la vida real.

El placer de poder ir a un sala y que te descubran obras como la de Max Ophüls no tiene precio. Nunca mejor dicho porque Cinemascopazo es bastante gratis, pero que encima luego puedas disfrutar del ratito donde Rodrigo Cortés se marca una clase magistral de cine, hace que desees que te sigan dando la oportunidad de descubrir obras (de arte) como ‘El Placer’ todas las semanas, sin parar. Por eso después de que te pongas esta película, o si necesitas un motivo más para verla, ponte el Cinemascopazo para dejarte arrastrar a ‘El Placer’.