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Las casas en ruina siempre dan risa, aunque sean en la pradera…

A finales del siglo XIX (Siglo 19 por si me está leyendo algún tronista), la familia Ingalls se marcha al oeste en busca de una nueva vida. Pero no al oeste en plan a Portugal, no, se van hasta Minnesotta. A tomar por saco.

Y allí se compran un casoplón de esos de quitar el hipo. Que en ese siglo no había crisis y encima el oeste estaba casi vacío todavía y el suelo era baratito.

Pero resulta que les han engañado y la casa, que está en una pradera, está hecha una ruina (de ahí el título). Y así empieza una serie de hilarantes situaciones que podrían resumirse en un único tipo de gag: algo de la casa se rompe dejando a los protagonistas perplejos.

Los actores iban a ser Tom Hanks  y Shelley Long, ya sabéis, la rubia tonta de “Cheers”. Pero él no podía porque estaba rodando “Argo para recordar” y ella dijo que sin Tom no lo hacía. Claro, como lo había petado con la serie, pensó que enseguida le saldría otro proyecto chulo. Y ahí está, esperando todavía. Un saludo, Shelley.