Soy pro Disney, ¿y tú?

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Con motivo del nuevo estreno de “La Bella y la Bestia” vengo a hablaros de ese tema tabú, ese odio a los remakes infundado en desastrosos intentos, y a la coletilla de “no son necesarios”. Óiganme señores, que si a mis 30 añazos me dan una excusa para vestirme de amarillo y cantar a lo loco en el cine como cuando era un cigoto con patas, muy mal no pinta la cosa. Pero si además no solo tocan esa fibra de tu infancia que te hace vibrar, sino que el punto de vida cambia de “la niña que eras” a “la mujer en la que te has convertido”, el resultado es un homenaje a todos aquellos que vivimos el boom Disney en nuestras propias carnes.

Soy de esa generación que pasó el trauma de Mufasa demasiadas veces como para ser sano, de esas que le habla a los hámsteres porque todo el mundo sabe que tejen de maravilla, y que todavía espera que entren palomas en su casa para hacerle la cama. Porque señores, pese a todo lo que nos han contado las películas de Disney no todo son mentiras camufladas de pomposidad. Nuestra generación no va por ahí perdiendo zapatos para ligar, ni vende su alma al diablo por unas piernas bonitas, no nos engañemos. Sin embargo si no han enseñado que el pasado duele, pero hay que afrontarlo. Que la belleza puede estar donde menos te lo esperes, incluso camuflada debajo de una barba muy densa (sí, Disney ya nos decía que los hombres con barba son bien).

Un búho puede ser el consejero más sabio y el niño más flacucho un rey, las mentiras tienen las patas muy cortas y las narices muy largas, y robar a los ricos para dárselo a los pobres se convirtió en el lema de los justos. Aprendimos que las princesas y los héroes no nacen, se hacen. Hay que diferenciar adaptación, versión y remake. Las dos primeras hacen lo que quieren con la historia (véase Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton), lo último mantiene la esencia original. Coge toda la emoción, la belleza y la historia de la versión animada de La Bella y la Bestia, ahora expándela, conviértela en MÁS, dale detalles e impregna cada fragmento con una mezcla de homenaje y cuidado.

Porque nos dijeron que un vestido puede ser bonito en rosa y en azul, que los animales hay que respetarlos y que la locura solo es otro punto de vista. Nos enseñaron que a veces para poder fiel a ti misma tienes que luchar, pelear y sacar la guerrera que llevas dentro. Por eso y por infinidad de momentos karaoke, puedo decir bien alto que soy de la generación pro Disney. De ese selecto grupo de personas que, pese a todas las dudas y con las expectativas muy altas, acude a un estreno de un remake, ¿y sabéis qué? Lo disfruto, lo revivo una y otra vez, porque una buena adaptación, que te traslade a tu infancia y además te recuerde que entre líneas hay mensajes que de niña ni imaginabas, eso queridos lectores, es una película que sí merece la pena.

La magia está en volverte a enamorar de algo que tienes trillado en la cabeza, que veías como 4 veces al día regrabado en VHS de la tele. Una cinta que no caduca, que sigues disfrutando, cantando y se reinventa. Un clásico donde los haya que con la nueva y actualizada versión se adapta a tu yo de ahora.  El cuidado y mimo que han puesto en la película se nota en cada escena, en las canciones y en las partes nuevas. Se nota en esa Bestia que tuvo que grabar sus expresiones faciales aparte, en ese increíble reparto, en el trasfondo, en esa vestimenta 100% de comercio justo, en detalles que lo convierten en algo más. Porque, ¿quién no ha soñado con una película donde puedas oír cantar a Obi Wan Kenobi, Gandalf, Bardo, Hermione y la niñera mágica, entre muchísimos otros?

Como nos enseñó una vez un niño en mallas, solo tienes que creer muy fuerte en algo para hacerlo realidad. Y bajo ese lema de superación personal, quiero reivindicar por todos esos “no-tan-niños” que queremos más remakes de Disney, aunque sea porque las comparaciones son odiosas o para poder sentarnos a canturrear sin que el niño de al lado nos mire raro. Porque hay algo muy bonito en sacar a ese niño interior de vez en cuando y dejarle ser el héroe, heroína, príncipe o princesa que en el fondo siempre has sido.

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