¡Sube que te llevo!

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¿Quién no ha querido saltar en marcha de la furgoneta del Equipo A? ¿O tener una conversación filosófica sobre la vida con Kitt? ¿Y unas vacaciones por el espacio en el Enterprise? Abrocharos los cinturones que en este post hay curvas.

Vámonos de paseo montados en una de los míticos automóviles de la historia de la televisión. Empecemos con una llamadita al equipo táctico más eficiente buscado por el gobierno. Mientras esperamos, vemos que asoma por la curva de la carretera una furgo modelo GMC Van, con la carrocería en negro y una elegante franja roja. Como no podía ser de otra forma, el piloto Baracus nos deslumbra con sus kilos de oro al cuello. La inseparable Van de M.A (a veces la cuidaba más que a algunos miembros del equipo), ha sido desmembrada, tiroteada, explotada, y creo recordar que ha volado y nadado en un par de ocasiones. Pasará a la historia como uno de los vehículos de televisión más famosos, y se quedará en nuestras memorias junto con el puro y la frase “me encanta que los planes salgan bien”.

Cambiamos el automóvil industrial por algo con más estilo y muchas luces. Nada más poner un pie dentro, Kitt (sus amigos le llaman “el coche fantástico”, y se lo tiene un poco creído) nos da los buenos días y nos ofrece una taza de café caliente y unas tostadas. Tal vez esas no sean algunas de sus funciones, pero ya que tiene inteligencia podría adivinar que sin el desayuno una no es persona. Después, inexplicablemente, nos analiza todos los datos de la misión del día, da un par de trombos, y termina salvándome el culo. ¿Quién no querría tenerle en el garaje?

Luego claro está, tenemos la versión práctica. ¿Qué tu casa se queda pequeña para tus proyectos personales? No pasa nada, móntate un negocio clandestino cocinando meta en la frontera con México (aquí tendríamos que hacerlo en la frontera con Andorra) en una caravana cochambrosa. Modelo del 1986, esta Fleetwood Bounder ha visto como un profesor de química y un yonki daban sus primeros pasos en el mercado de la droga, para terminar siendo los reyes del lugar y del cristal azul. Y que leches, porque ver salir a Walter de ahí llevando solo un delantal verde y medio colocado, mola.

Puede no parecer discreto, ni tampoco muy seguro, pero si hay que pararle los pies a los malos debemos montarnos en el Lincoln Futura Concept Car del año 55 que conducían Batman y Robin. Cargamos la maleta con humor muy absurdo (que no por ello malo) y nos preparamos. No pasa mucho tiempo cuando nos damos cuenta que tres son multitud, y que nuestro torpe héroe interno deberá buscar suerte fuera del disparatado dúo.

Si lo que queremos es dejar de lado las “cosas de mayores” y sacar nuestro lado más infantil para que nuestro paseo sea en realidad un recorrido por la infancia, tenemos que hacer trasbordo. Primero estiramos un poco las piernas, que nos hará falta, y nos preparamos para patalear en el troncomóvil de los Picapiedra. Esto es muy gracioso hasta que se nos revientan los pies y no podemos volver a andar en nuestra vida, asique paramos al poco y nos bajamos. Le toca el turno a la Bedford CF de 1972, más conocida como “La Máquina Misteriosa”, que en la parte de atrás lleva un perro con algún trastorno en la cabeza, que no deja de pedir galletas como si fuera un loro y decir que se llama Sooby-Doo. Empezamos a flipar y a ver colores psicodélicos, y de repente hay mucho humo. Nos bajamos que a este paso no llegamos al cole y nos montamos en el autobús de Otto. Un momento, si nosotros ya no vamos al cole. Será cosa del incienso.

No nos alejamos mucho del mundo paranormal pero esta vez lo hacemos con mucho más estilo en un Chevy Impala negro del 67, mientras suena Carry on my wayward son de Kansas. Entre parada y parada nos metemos como kilo y medio de hamburguesas y seguimos el rastro de todo bicho sobrenatural que ande por la tierra (y submundos), codo con codo con los hermanos Winchester. Pero se ponen a discutir cosas de familia y nos cansamos del rollo delincuente y los moteles chungos.

Después de ese ritmo de vida nos tomamos la cosa con más calma y nos pasamos al lado bueno de la ley, aunque sus límites tampoco estén muy claros. Nos subimos al cochazo rojo de Starsky y Hutch, un Ford Gran Torino de 1974. Entre chivatazo y chivatazo mantenemos seguras las calles, y lo hacemos con un estilazo muy hortera. Esto de estar en constante peligro es agotador y decidimos que lo nuestro son los viajes de placer, asique buscamos nuevas alternativas.

Como aquí no tenemos mucho los pies por el suelo, si nos apetece que nuestro paseo de un vuelco lo mejor es poner rumbo a la galaxia. ¿Y qué mejor forma de viajar que en el Enterprise, nave insignia de la Flota Estelar? Con sus miles y miles de habitaciones (creo que por cada capítulo aparecían 5 más), a bordo no nos esperan unas vacaciones tranquilas y sosegadas con un mojito en la mano. La pena es que para sacar los billetes llegamos tarde. Con una amenaza de destrucción cada 6 minutos aproximadamente, y ataques que destrozaban la mayor parte de esta embarcación estelar, el buque real que sirvió de símbolo por excelencia de Star Trek, se jubiló el año pasado, dado que el mantenimiento costaba demasiado.

Pero no desesperemos, si lo que nos gustan son las alturas hay otras formas de viajar. Venga va, no es técnicamente un vehículo, pero no podréis negarme que Goku os daba envidia cuando montaba en su nube voladora. Esos recorridos a larga distancia que se cruzaban en un par de minutejos con la brisa dándote en la cara. Eso sí, nunca conseguí explicar cómo era capaz de no caerse. Ni cinturón, ni posa brazos, y a esa velocidad... claro que estamos hablando de un mono gigante en versión niño pequeño, volando en una nube. Creo que no hay que buscarle más lógica.

Y después de este viajecito, nos metemos en la cama con la intención de dormir un par de meses. ¡Hasta el próximo paseo!

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