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He de empezar diciendo que las pelis Christopher Nolan me suelen gustar. Memento me pareció genial. Batman Begins me moló bastante. El caballero oscuro me pareció un peliculón. Incluso la supuestamente profunda oquedad de Origen me resultó entretenida. Cuando leí que su próximo proyecto iba a ser de ciencia ficción y que iba a tener a Kip Thorne como asesor científico, no pude más que dar palmas con las orejas. Pero después, vi la película… Alerta, spoilers.

El asunto me fue gustando hasta que Cooper, el prota, llega con su hija a las ultrasecretas instalaciones de la NASA. El mundo cuasi apocalíptico que dibuja Nolan parece real y misterioso, hasta la irrupción en pantalla del nuevo portento de la inteligencia artificial: un robot-marine-tipo-duro cuyo diseño empezó a sacarme de la película, al recordarme de manera asombrosa a la mesa bjursta que acabo de comprarme en Ikea. La conversación/explicación de los dirigentes de la NASA acaban de empujarme fuera del filme por dos razones: su director, interpretado por Michael Caine, me recuerda al afable abuelillo de Jurassic Park: un científico bonachón y risueño, que esconde un terrible secreto y la presunción de que el prota es un idiota (le acaban de decir en el colegio de su hija que han borrado deliberadamente la carrera espacial de los libros de texto, para que el hombre se centre en el planeta, no en la forma de abandonarlo. Pero el abuelete le cuenta que la única posibilidad de supervivencia de la humanidad es fuera de la Tierra, y Coop no sospecha nada). Para más inri, resulta que Cooper es imprescindible en la próxima misión de la agencia espacial, misión que le separará posiblemente para siempre de su querida familia. Pero también resulta que la NASA no había hecho nada por contactar con él, a pesar de ser imprescindible y de vivir en su casa de toda la vida, sin esconderse de nadie. La puntilla, todavía en modo sólo de sospecha, era la Ecuación que buscaba el abuelo Caine y que ella solita iba a salvar a la humanidad…

En cinco minutos, el cuadruple giro de guión me había expulsado de la peli y quedaban dos largas horas por delante. Prometo que de viaje a Saturno intenté reengancharme, pero la confirmación de la idiotez supina de Cooper fue demasiado. Entiendo que hay que explicarle al público los recovecos de los agujeros de gusano o el desfase temporal que produce la inmensa gravedad de un agujero negro, pero ¿tiene que ser un ingeniero de la NASA el que haga todas las preguntas estúpidas?

Aunque Coop no es el único genio del equipo. Cuando aterrizan en el planeta de Miller, quedaban ya muy pocas esperanzas para mí. La deuda temporal que van a adquirir es de siete añitos en el mejor de los casos. Y uno se pregunta: ¿Nadie se ha dado cuenta de que todos los mensajes que han recibido desde allí son exactamente el mismo? Porque la decisión parece dramática: hay que descartar uno de los tres planetas… Y el primer elegido les va a hacer perder una barbaridad de tiempo, justamente lo que más preocupa a nuestro ínclito protagonista. Vale que Miller  no era un prosista empedernido, pero que escriba siempre exactamente el mismo mensaje: ¿No os parece raro, panda de subnormales?

Tras los avatares en el planeta “marino”, y por contingencias de la Relatividad General, veintitrés años se han sumado a la edad del resto del mundo, en un par de horitas de los astronautas. Toca decidir el siguiente planeta. El alegato a favor del amor, ese, cito textualmente, artefacto de una dimensión superior que no percibimos conscientemente (léase como si lo hubiese dicho Chiquito de la Calzada), me deja sin habla. Ver los estragos que han producido en Michael Caine esos veintitrés años me hacen preguntarme si no había presupuesto para maquillaje (por lo menos hay una silla de ruedas…). Murph se ha hecho mayor, pero sigue odiando a su padre. Es una brillante física que se ha sumado a la busca de la mítica Ecuación.

La parte del planeta Mann no me parece mal, ya no hay esperanzas de que la peli remonte, pero que el mejor de todos los hombres sea un hijoputa con pintas y con una inteligencia tan abrumadora que le hace apagar los aparatos de radio justo cuando le van a avisar de su inminente suicidio me hace gracia. El descubrimiento de que el abuelo Caine es un impostor también, que había resuelto la Ecuación años antes de mandar a nuestro iletrado Cooper a esa misión, me deja patidifuso. La maldad del científico no tiene límites: confiesa que es un hijo de puta mentiroso, pero antes de aliviar a la pobre Murph, diciéndole que su padre era un pringao que no tenía ni puñetera idea de todo el asunto, prefiere morirse repitiendo la pomposa frasecita con la que se inicia el viaje a Saturno (y que se repite una tercera vez en la película para espanto y vergüenza de propios y extraños).

Después a Gargantúa (por lo menos se han buscado un nombre molón para el agujero negro, que me quiere sonar que ya utilizó Thorne en su primer libro divulgativo sobre estos misteriosos cuerpos celestes). Maravilloso el sacrificio de Cooper, en nombre de la tercera ley de Newton: al fin un momento original en la película (salvo que hayas visto Gravity, claro). Otros x años de desfase temporal y Cooper cayendo hacia el horizonte de sucesos…

Y resulta que el agujero negro se convierte en una especie de máquina del tiempo, conectada con la librería de la habitación de Murph: Cooper era el fantasma, asombro de los asombros (seguramente, si la peli no fuese el despropósito que es, sí me habría asombrado). Y claro, resulta que Cooper puede enviar en código Morse todos los datos que esconde un agujero negro y que pueden permitir a un físico descubrir los secretos de la gravedad, pero no puede decirle a su hija que es él y que la quiere. Entendería que se sacrificase y no hiciera nada que impidiera que los acontecimientos se desarrollen como se han desarrollado, porque eso le haría imposible conseguir los datos que iban a salvar a su querida Murph y al resto de la humanidad, pero no, ese no es el impulso de Cooper. En realidad, intenta que el fantasma haga que su hija le convenza de que no se vaya (ya hemos visto que no tienes muchas luces, Coop, pero no podrías haberle dado un mensaje a tu churumbela que significase algo para ti, más allá del penoso “quédate” que le transmites). Una vez que has dejado que tu hija te deje ir, ¿no tienes unos cuantos años de su existencia en ese cuarto para explicarle las cosas a tu hija? No, mucho mejor que crezca pensando que eres un hijo de puta redomado. Aún así, Murph lee las notas que escribió cuando tenía diez añitos y al leer el célebre “quédate” descubre obviamente que el fantasma era su padre (aunque yo necesito que alguien me lo explique).

Y llegamos al final, que también tiene tela. Épico el momento en que el hermano granjero echa de casa a su hermana por proponerle que traten a su hijo enfermo. Genial el momento de iluminación: la respuesta está en la librería de mi habitación. ¿No puedes simplemente ir a casa de tu hermano y decirle: “voy a subir un momento a mi habitación”? No, es mucho mejor quemarle la cosecha y que se joda.

Y pasan otros tropecientos años y en lugar de dejar que Cooper se muera dignamente, le sacas del agujero negro, le mandas a Saturno para que vea a su moribunda Murph, que resulta tener poderes extrasensoriales (o seguramente en algún sitio han explicado cómo sabe que Amelia Brand le espera en el otro planeta). Ultra coherente que el padre no se quede con su hija un ratito más y que coja la primera nave que le lleve a buscarla. Una pena que Nolan no hubiese tenido un poco de sentido del humor (al 25%) y hubiese dejado que Cooper llegase a su planeta y se la encontrase follando con su novio de toda la vida. “¿Cooper, qué haces tú aquí?”, “Nada que venía a qué tal os iba, ya me voy…”.

De los aspectos científicos prefiero ni hablar. Es verdad que lo que se dice sobre agujeros negros en mayormente cierto, pero la claridad del discurso está al nivel de los torpedos de positrones de Star Trek. Y que el descubrimiento de la ecuación que aúne por fin la Cuántica con la Relatividad vaya a permitir de la noche a la mañana construir los nuevos hogares de la humanidad suena un poco aventurado. Aunque, qué se puede esperar, si ni siquiera se saben la Ley de Murphy

26 Respuestas

  1. Roy Batty

    Un absoluto latazo, eso es lo que es, ñoña, absurda, un guión malo con fallos por todas partes,! lenta como un agujero negro !… ¿ la música es de Hans Zimmer? Ya se podía haber esmerado más sinceramente,

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Sobre El Autor

Antiguamente, espadero de gran renombre. Tras sobrevivir a una muerte casi segura por herida de arma blanca, se pasó veinte años buscando a su hijo Iñigo, que le creía muerto. El encuentro no fue como había esperado. Iñigo había dedicado su vida a vengarle, repitiendo una frase que se hizo muy célebre, que aludía al supuesto fallecimiento de Domingo. Tras conseguir la ansiada venganza, Iñigo había adoptado otra personalidad y se dedicaba a la piratería, profesión en la que al fin había encontrado la estabilidad económica, la realización personal y el reconocimiento social. Domingo, no queriendo la desgracia de su hijo y que se convirtiera en el mayor mentiroso de la historia, decidió desaparecer antes de que Iñigo le reconociera y consagró los años que le quedaban al estudio y a la reflexión. Así descubrió una figura clave en el mundo de la Ciencia, Otto von Utter, desconocido personaje de importancia capital en el desarrollo científico de nuestra sociedad. Domingo nos desvelará la participación y la interacción de Otto con los principales científicos del mundo. Es posible que también nos cuente otras cosas, porque desde sus tiempos de espadero es propenso a la divagación y al circunloquio. Podéis seguirle en la cuenta @domingo_montoya , y ver como un espadero toledano se defiende en twitter.

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