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La pista del conejo de @ArturoGCampos ya era premonitorio de que para el Cinemascopazo #8 tocaba rescatar del armario los latex, el cuero y las Ray-Ban noventeras para adentrarse en la madriguera. Hacía un par de semanas con el @Cinemascopazo de ‘Múltple’ hubo un runrún sobre la posibilidad de que fuera ‘Matrix’ la elegida. Casi estaba tardando, pero por fin tenemos el doble check.

Estando aún en el colegio, recuerdo la vacilada que te marcabas con la gente que no la había visto a la pregunta de: ¿ya sabes qué es Matrix? Todavía no había redes sociales y ni siquera recuerdo si ya habría aquello del Messenger, pero el boca a boca fue suficiente para que ‘Matrix’ fuera querida ver por todo el mundo.

Con la tontería, ‘Matrix’ está cerquita de cumplir 20 añitos y todavía hoy día, la película de 1999 sigue suponiendo una rotura de moldes. Revolucionó el cine de acción, el cine de peleitas, el cibernético, todo. Con el aliciente de que además supuso una inmersión filosófica rompiendo cabezas por doquier (como diría @JuanGomezJurado, si es que se adelanta a Arturo…). Fueron los hermanos Wachowski (Ahora las hermanas Lana y Lilly) quienes construyeron un mundo donde alcanzan una molaridad (y no refiero a la de peso en gramos entre peso molecular y el volumen en litros, sino la de ¡Joder que puta chulada acabo de ver!) que ha acabado influyendo en técnicas y estilo a todo el cine que vino después. Los efectos digitales que crearon han sido un punto de partida de lo que tenemos hoy.

Keanu Reeves acabó encarnando un papel casi de rebote, pero que le vino como anillo al dedo. Con esa carita que ni en ‘Las alucinantes aventuras de Bill y Ted’, él es el señor Anderson, mejor conocido como Neo “el elegido”. Despertado de un programa infomático donde los humanos están controlados y llamado Matrix, se encuentra en un futuro donde las máquinas nos cultivan, recayendo sobre él la esperanza de la poca población humana de de terminar con esto. Con la sinópsis hecha, es más fácil enchufarte a la historia con la ayuda de Morfeo. Un Laurence Fishburne haciendo uso de unas gafas chulísimas hace de guía para todos los despertados con la fe y la certeza de que “el elegido” será el inicio del fin de las máquinas. Por supuesto, no podría faltar el personaje femenino de Carrie-Anne Moss, Trinity. La que le hace ojitos a Neo, pero no te pases mucho que es mujer de armas tomar. Pero aquí falta un malo, y convertido posiblemente en uno de los más icónicos del cine, el agente Smith con ese rollito del FBI con traje y gafas cuadradras interpretado por Elrond o el de V de Vendetta, Hugo Weaving. Aparte, el resto de elenco con mayor o menor presencia se hacen un huequito estando muy bien caracterizados lo que hace que no desentonen.

Y es que en esta película está todo muy bien atado, no sólo por los personajes. Los Wachoswki tenían muy clarito desde el principio qué y cómo lo querían contar. No por nada los nombres de los protas encajan a la perfección en sus roles; Neo, el único o el elegido, Morfeo como el dios del sueño, quien tiene el poder de despertar, o Trinity, cerrando esa trinindad y por lo de el cristianismo. Hasta ‘Ratón’ tiene una personalidad ratonuda comportándose como si fuera un un pequeño roedor escudirñando su alrededor. Otro ejemplo sería el uso de la tonalidad verde cuando se está dentro de Matrix o algo más azulado para la realidad. Durante el comienzo, no dejas de ver una y otra vez situaciones de toma de decisiones casi extremas. O te quedas en casa, o sigues al conejo blanco. O estás con nosotros, o eres parte de Matrix. En definitiva: o tomas la pastilla roja, o la azul. Porque una cosa es que te enseñen el camino y verlo, y otra es andarlo.

Con esta disyuntiva te pasas todo el inicio, viendo cómo el señor Anderson “sabe” que hay algo que no cuadra con él en el mundo, en Matrix. Pero toma la decisión de asumir que realmente es Neo y que debe liberarnos de las máquinas. Una decisión que le lleva el resto de la peli, al igual que Trinity que hasta el final, aun estando delante de la puerta, no la atraviesa. En cambio, a Morfeo es el único que no le importa nada que le digan o qué pase, porque es el único (por dejarlo clarinete) que no alberga duda alguna de lo que va a suceder. Y en el transcurso de esas decisiones, los Wachowski se esplayan a la hora de engancharte a la historia con unas secuencias de peleas que jamás se habían visto antes. Saltos donde el tiempo se congela, la cámara gira, las paredes se hacen de papel y puedes ver multitud de estilos de lucha. Porque no me digáis que no sería flipante poder aprender kung-fu en unos segundos. Quien dice kunf-fu, dice aprender a pilotar un helicóptero o aquello que te dé la gana. Con la capacidad de aprender cualquier cosa como para no querer formar parte de ese universo, meterse en Matrix y ponerte a pegar tiros a diestro y siniestro.

Siempre ideada como una trilogía, a pesar de que las otras dos partes no hayan gustado tanto (digamos que sus defectillos tienen), Matrix mola porque es el inicio. Es ponerte delante unas ideas y una filosofía que se expanden a la hora de elucubrar posibilidades. El problema que tuvieron las continuaciones, es que te las matan. De todas formas, como prueba de que ya lo tenían todo pensado, fijaos en la escena que te adentra en el interrogatorio a Neo. Tropecientas pantallas de monitores centradas en Neo arrestado ¿No es recuerda el despacho de cierto personaje? De ahí rescato, la que para mí es la única idea salvable que se extiende a las otras dos con la que ya puedes mandarlo todo un poquito lejos: no hay decisión posible y todo está premeditado. No importaba nada de lo que Neo, Morfeo o Trinity hiciesen (y de lo que el Oráculo dijera) porque todo estaba evocado a tener una y otra vez el mismo fin. Por lo tanto nunca decidieron nada ya que su destino estaba escrito…¿No?

Seguro que escucharás lo de que Matrix es posible. En cierta medida no desentona a la hora de definir todo aquello que sientes como señales de tu cerebro. Mediante estímulos eléctricos (y neuroquímicos) tu cerebro traduce las señales del exterior a modo de otorgar un sentido para luego ofrecer la respuesta adecuada. De tal manera que se podría engañar a tu consciencia recibiendo esas señales de manera artificial. Es decir, que si por ejemplo se estimula la parte de tu corteza cerebral motora que controla tu brazo, éste se acabará moviendo. Esta idea llevada al extremo es Matrix, el control total de tu mente en un mundo artificial.

Si a estas alturas pasas de darle más a la almendra, deberías ver a @MarcosMass con sus Ray-Ban para meterte en su minuto sináptico de guitarra y risa, el cabrito cada vez borda más las canciones.

Esto no hará otra cosa que querer ponerte ya el Cinemascopazo #8 con Carme Chaparro (@CarmeChaparro), la periodista y escritora se libera de la seriedad de los informativos para deslumbrar y atizar a Juan y Arturo en un programa desternillante donde crean un constructo cinéfilo donde no se conforman con descifrar el nombre de “Cifra” (Cypher). Incluso sabrás qué escogerían aprender de repente si tuvieran la posibilidad, cosas muy locas como hacer ovillo. ¿Serás de su forma de pensar y elegir Matrix?

También te enterarás de la liada que hicieron las hermanas a la Warner para sacar adelante la película tal y como ellas querían. Y de cómo tuvieron que convencer a Yuen Woo-Ping para que les ayudara con las coriografías en las luchas. El programa se hace otra vez un complemento fijo en cuanto te vuelves a poner la película. No dudes, hazlo y póntelo. Pero antes, no te queda otra que enchufarte (aunque ya lo hayas hecho) y así saborear este filete o solomillo que te sirven…en ‘Matrix’.