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Cuando tu hija quiere dominar el mundo… y casarse…

Steve Martin es el padre de la princesa egipcia Ahmanet. Que cada vez que lo leo no puedo evitar cantar: “Ahmanet… ce tan pronto, y yo estoy taaan solo…”

El caso es que la princesa, que está de buen ver (micromachismo) se quiere casar para que no se le pase el arroz (micromachismo) y a su padre esto no le hace gracia, aunque el novio es un buen partido (micromachismo).

¿Tres micromachismos suman un machismo completo?

Así que, para evitar que se case, coge a la princesa, la momifica y la entierra en un sarcófago, que es como un ataúd, pero más caro.

Muchos siglos después, un arqueólogo encuentra la tumba y la princesa resucita con ansias de venganza y de dominar el mundo. Pero, como resulta que el arqueólogo es un buen mozo pues, además de vengarse y dominar el mundo, se quiere casar con él. Ojo, que el arqueólogo es Tom Cruise y que, aunque se haya operado más que Carmen Lomana, sigue teniendo un polvo. Y esto, Steve Martin no lo ve bien.

Steve Martin hace de lo que hace siempre: de señor madurito pero con espíritu joven. Y está todo el rato poniendo esa cara que pone él tan graciosa.

A destacar la escena en la que el padre de la princesa le dice al novio: “Te la vendo”, y el novio responde: “Pero si ya está vendada”. Un despiporre.