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Toca echar el cierre por vacaciones de la tercera temporada, y los @TPoderosos se volvieron a juntar en @espacioFTef para despedirse (sólamente hasta otoño) dando cuentas del cineasta Billy Wilder.

No importa si te pilla en el desayuno, la merienda, la cena o esa franja horaria donde uno no sabe si está en medio de una merienda cena con opciones a que más tarde se pueda saciar algún hueco que surja, porque la filmografía del aclamado guionista y director siempre entra bien. Aunque forme parte del cine clásico, a pesar de su predilección por el blanco y negro, sus principales obras se mueven en una atemporalidad consiguiendo que te importe un carajo el momento que te sientas a ver películas suyas. El porqué de esta realidad es deshilachada por el cuarteto de Todopoderosos a través de los principales títulos del director, concretando en esas dos horitas que la hermenéutica (@JuanGomezJurado sabe muy bien de lo que se habla) y estilo de Wilder bien merece el reconocimiento histórico y actual.

Sin que dios me confunda, siempre es de agradecer el inicio explicativo con el que te sitúan en el contexto histórico y personal del director. Porque ya de partida, que tu madre te llame por Billy cuando realmente te llamas Samuel Wilder, teniendo un hermano mayor que se llama Willy (William Lee) es un comienzo propio de lo que acabaría estilando en sus producciones. Nacido en pleno Imperio austro-húngaro, creció en Viena y aunque el deseo de un padre para su par de monigotes sea que crezcan como médicos o abogados, Billy empezó como cronista en un periódico austriaco. Ya con pelitos en las piernas, y tal vez promovido por el picorcillo producido por la testosterona propia de la edad, Berlín le supuso un desfogue al compaginar sus primeros pinitos periodísticos con ser gigoló bailarín en las noches berlinesas. En la capital germana fue donde se empezó a aficionar al cine llegando a trabajar para la UFA. El problema vino cuando le vio las orejas al lobo con la llegada al poder del señor del bigote y el brazo extendido, cuyas ideas exterminaban, por lo que sea, cualquier pretensión de Wilder. No tuvo otra que moverse a París, donde realizó su primer título como coguinosta y codirector: ‘Curvas Peligrosas’. Aún así, la creciente presencia de la esvástica hizo que ni un año cumpliera en París, llevando a Billy Wilder a dar el salto soñado de cualquier trabajador de la farándula hacia el esplendor de Hollywood.

Su llegada no estuvo falta de dificultad. Aunque el estar cortito de guita y la problemática de usar un idioma que no conocía, no impedieron el afán del cineasta por hacerse un hueco en el mundillo. Lo del idioma le puso solución a base de escuchar la radio, de apuntarse a la escuela nocturna y de dar un uso a la experiencia adquirida en las noches berlinesas al tantear chichas de habla inglesa para lo de la lengua. Y para el problema del dinero, él nunca dejó de escribir sus guiones consiguiendo en poco tiempo su primer éxito con ‘Ninotchka’, bajo la dirección de  Ernst Lubitdch.

Para la realización del guión, trabajó mano a mano con Charles Brackett. Ambos formaron una pareja de trabajo consagrándose a lo largo de los años. Con cada éxito que orquestaban, Wilder empezó a recelar con el hecho de que productoras y otros condicionantes edulcoraran sus guiones. Así y viendo que era la personificación del director quien realmente disfrutaba de la creación de una película, se enrocó con la Paramount para que le dejaran dirigir su primer título. La productora pensando que se la iba a pegar y con la justificación perfecta para que dejase de dar la tabarra y se centrase en escribir, se tuvo que alegrar un poquito cuando Wilder de manera estratégica dirigió en 1942 ‘El mayor y la menor’ con bastante éxito. Aunque la trama; una mujer hecha y derecha haciéndose pasar por una niña de doce años y despertándo ciertas sensaciones, a priori inexplicables, a un hombre maduro, canta que nadie se percate de la verdadera edad de la mujer (es como lo de “me pongo unas gafas y nadie me reconoce como Superman”). Pero es precisamente ese estilo argumental, el que cosecha el éxito y del que se hará reconocible el ya para entonces, guionista que pasa a director.

Constatando los Todopoderosos, el siguente título sería ‘Cinco tumbas al Cairo’. En ella refleja la capacidad de cerrar guiones de manera excepcional correspondiendo con una dirección acorde al libreto. Aun estando ambienda en la guerra, ésta sólo es el fondo para los sucesos. Billy Wilder, a diferencia de otros directores como Hitchcock quien se centraba y se desvivía por el suspense de manera exclusiva, no se identificaba inmutablemente dentro de un género a la hora de elaborar sus obras. En cambio, con ‘Perdición’ consigue redifinir de manera seminal (como le gusta definir a @rodrigoror7es) el cine negro. Para esa ocasión, la escritura realizada junto a Raymond Chandler esculpieron un nuevo corte de personajes atípicos caracterizados no con la limpieza y el esplendor de la que se beneficiaban los galanes de la época, sino con una ruindad y una oscuridad plasmadas entre diálogos y pitillos.

Con ‘Días sin huella’ (The Lost Weekend) en 1945 logró el triplete de la academia con ‘Mejor Director’, ‘Mejor Guión Adaptado’ y ‘Mejor Película’ (además de ‘Mejor Actor’ para Ray Millard). Siendo una historia bañada en alcohol, Wilder consigue como director una narración sostenida hacia la tensión dramática la cual se sostiene a base de planos fijos donde maneja la actuación de los actores a favor de la misma.

En cambio, con ‘El vals del emperador’ que fue más un favor hacia la productora, @ArturoGCampos recuerda la frase de Wilder: “toda buena acción, acaba siempre teniendo su castigo”. No hay mejor reflejo de arrepentimiento ante un título del cual el propio director no es que estuviera especialemente orgulloso.

También en 1948 y como colaboración con el ejército americano, pudo rodar ‘Berlín Occidente’ (A Foreign Affair) con el fin de alentar a las tropas que se encontraban en suelo germano después de la guerra. Lo que el ejército no esperaba fue encontrar un film sarcástico destilado desde el cinismo que si no hubiera sido dirigida por Wilder, seguramente desbordaría mal gusto a raudales. En su día incomprendida, en la actualidad sí se ha sabido valorar el trabajo realizado en este título.

La siguiente que vendría sería ‘El crepúsculo de los dioses’ (Sunset Boulevard). Otra de las que han perpetuado sin llegar a quedarse viejuna, muestra con crudeza el panorama que había en la industria cuando actores de cine mudo tenían que aceptar el ocaso de sus propias carreras ante el nuevo cine sonoro. Gloria Swanson interpreta a una estrella que negando esa realidad, anhela un resurgir triunfante promovido por una manutención (aunque con el beneficio de dame a mí lo mío y lo de mi prima) de un guionista parásito. Pero es la maestría de Wilder, la que a pesar de la dureza que emana el título, logra una dirección que encumbra a ‘El crepúsculo de los dioses’ a la altura de hito cinéfilo.

No se quedó atras con ‘El gran carnaval’ (Ace in the hole). Si en la anterior el escarnio se lo llevaba la industria del cine, aquí se lo lleva el periodismo. Wilder vuelve a escribir un papel de los que no teme en mostrar el lado más ruin de una persona alejando cualquier posibilidad de empatizar y de quererlo. Interpretada por Kirk Duoglas (que tampoco tuvo nunca reparos en representar ese tipo de papeles) como la personificación del periodismo déspota del todo vale para ser primera plana. En cambio, fue su primer gatillazo comercial precisamente porque escocía demasiado el reconocimiento que el público sentía en la ruindad que Wilder presentaba.

A partir de aquí, empezó un leve coqueteo con la comedia. Leve porque son más recordadas por ejemplo, en el caso de ‘Sabrina’ por la dulzura que emana Audrey Hepburn, o en el caso de ‘La tentación vive arriba’ (The Seven Year Itch) del movimiento de la falda blanca de Marilyn Monroe. Que por cierto, de primeras se intentó rodar en exterior, pero la multitud que se congregaba (incluido debajo de la rejilla del suelo previo soborno a los operadores que controlaban los ventiladores) imposibilitaba la grabación de la escena declinando Billy Wilder por rodarla en estudio.

La siguiente relevante, y seguro que te suena de algo por los millones de toneladas de libros escritos en pdf sobre ella como dice @cansado2, es ‘Con faldas y a lo loco’. Donde dos músicos (los grandes Tony Curtis y Jack Lemmon) para escapar de la mafia se disfrazan de mujeres. Para entonces, ya había dejado de lado a Brackett y se había puesto a escribir junto a I.A.L. Diamond, pero sin verse afectada la calidad de lo que Wilder producía aunque la trama fuera disparatada. ‘Con faldas y a lo loco’ es otro ejemplo de que dando al espectador toda la información, conseguía la plena atención mediante un guión estructurado en completos diálogos. Y siempre quedará ese magnífico final…porque “nadie es perfecto”.

Sin dejar ir muy lejos a Jack Lemmon, le puso inmediatamente un pisito con ‘El apartamento’. Otra vez Wilder te despliega en una historia donde los jefes de un currele oficinista abusan de él usando su hogar para escarceos varios, la destreza narrativa la cual siempre se ha caracterizado (a pesar del problemita entrópico espaguetil).

Aún le quedaría por realizar películas como ‘Un,dos,tres’, ‘Irma la dulce’, ‘Bésame tonto’ o ‘Primera plana’ entre otras. Y reflejada en su filmografía, se desprende lo resolutivo que era siempre. En términos de escritura, donde sus guiones desplegaban personajes maravillosos con diálogos endiablados. Y también en sus facultades de dirección, no sólo al saber templar la actuación de sus actores para una interpretación en pro de la escenografía, sino también a la hora de cuadrar escenar y fijar planos. El resultado que obtiene, son películas adelantadas a su tiempo, y por ello no importa cuando te pongas a ver alguna de sus obras porque seguirán siempre frescas, fáciles de ver y de disfrutar.

Que no te extrañe que los Todopoderosos te hagan ver y comprender la grandeza de Billy Wilder. Y sin dejar de agradecerlo, cuidado que escuchar a estos cuatro infecta tu cabeza con la única solución de enchufarte al tema que tocan. Eso no quita que no debas administrarte sus podcast o videos, más ahora que el verano se puede hacer largo.

Yo no pienso ni bajarme ni caerme del burro de Todopoderosos. No te la pegues tú tampoco.

¡¡Nos veremos en septiembre !!